martes, 1 de enero de 2013

Micenas

Nada más llegar a Grecia, justo al día siguiente, nos vamos de excursión. A Micenas y a Epidauro. Micenas suena más, claro está. Hay una época de la Historia de Grecia que se llama Época Micénica. Por algo será.
Micenas fue una población dominante en toda la región de alrededor; pero, por lo que sabemos, debió de ser en su día el lugar más poderoso del mundo de habla griega. Está en el Peloponeso, en la zona que se conoce como Argólida. 
En Micenas veremos un palacio. Mejor dicho, un recinto palacial. Un lugar de poder. Allí había un palacio real, un lugar de enterramientos para personas notables y viviendas adosadas a ese palacio. Todo ello rodeado de una muralla de piedras descomunales. Podéis ver parte de la muralla y la entrada en el vídeo que hay en el margen. 
Estas construcciones de piedras tan grandes se llaman ciclópeas, pues se decía que las piedras habían sido transportadas no por hombres, sino por cíclopes. La puerta principal estaba decorada con el gran símbolo del poder: leones. La puerta de los leones es la señal de que está uno entrando en el sitio del poder, del rey. Dicen los que saben que no son leones, que son leonas, que no tienen melena. Puede ser. Sea como sea, indicaban que allí vivía el poder. 
El poder lo tenía el rey, que por entonces se decía ánax. Y el rey más famoso de todos fue Agamenón. Este Agamenón era hermano del rey de Esparta: Menelao. Y Menelao estaba casado con Helena. Helena fue raptada, ya lo sabéis, por un príncipe extranjero que vino de Troya. Así que se armó la de Troya. La Guerra de Troya. Un ejército de coalición de todas las ciudades griegas se unió para atacar al reino troyano y recuperar a la esposa de Menelao. Pero el ejército estaba comandado por el hermano poderoso, Agamenón. ¿Mucho lío? Si no lo entiendes, perdona; la mitología es así, hay que leerla despacio.
Los griegos ganaron la guerra y se trajeron a Helena de vuelta. Cada uno se volvió a su casa: Ulises a Ítaca, Néstor a Pilos, Menelao a Esparta y Agamenón a Micenas. Pero, ¡ay!, la vida te da sorpresas.
Y resulta que Agamenón no era lo que se dice una persona sensible. Permitió que su hija Ifigenia fuese sacrificada  para que la expedición militar tuviese éxito; se comportó de manera egoísta durante la campaña; logró enfadar a todos los compañeros; y encima se traía de vuelta a casa como botín  a la princesa virgen Casandra, una niña desequilibrada. La esposa de Agamenón se llamaba Clitenestra o Clitemnestra. Y para cuando Agamenón volvió victorioso de Troya, ella tenía como amante a Egisto.
Agamenón llegó a palacio. Fue recibido por Clitenestra. Se saludaron. Ella le comunicó que estaba listo el baño lustral para purificarse de cuanto hubiera podido contaminarlo fuera de casa. Agamenón entró en el baño. Y no salió. Clitenestra y Egisto lo acuchillaron allí mismo y dijeron que ellos eran entonces la pareja real. Tanto poder para acabar así.
Años después, Ulises tuvo un contacto con el mundo del más allá y vio a su jefe Agamenón. Y Agamenón, ante la pregunta de cómo se estaba en el mundo de los muertos, dijo aquello de que prefería ser el esclavo de un granjero entre los vivos que ser el rey de reyes entre los muertos. 
En Micenas hay unas tumbas reales (alguna será de Agamenón, digo yo) que están hechas con la misma técnica constructiva que los bombos. La visita será una experiencia de comunicación  cósmica para los tomelloseros, la comprobación de que hay una línea de unión entre Tomelloso y el resto de Europa.
En Micenas, hablaremos de Heinrich Schliemann, el arqueólogo alemán que en el siglo XIX descubrió Troya y destapó Micenas. Suyo es el mérito de haber encontrado todo esto. Pero es tanto el mérito que se merece una entrada para él solo. Será la siguiente.

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