Cuando estemos en Grecia, todas las noches las pasaremos en Atenas. Es la ciudad que mejor vamos a conocer y por la que más tiempo vamos a pasear. Así que podemos decir algunas cosas sobre ella. No sobre lo que vamos a ver allí, porque de eso ya tendremos tiempo un poco más adelante. Paciencia.
Lo primero que hay que decir de Atenas es que tiene el nombre de una diosa. Nosotros la llamamos Atenea, y eso es porque los griegos antiguos, los que la adoraban como diosa, decían su nombre de dos maneras: Azenaia (Ἀθηναία) o Azená (Ἀθηνά).
Del primer nombre deriva nuestra Atenea. Del segundo sacaron el nombre de la ciudad: Atenas (Ἀθῆναι, Azenai). La ciudad tiene el mismo nombre que la diosa, solo que dicho en plural. Así que nuestra ciudad tiene nombre de diosa, de una diosa en particular. Hmmm... ¿Por qué tendrían ese capricho?
Atenea es una diosa que no tiene casi nunca aspectos negativos, es la diosa que los griegos aman más. Por lo menos ella es la que siempre los va protegiendo en las leyendas, la que apoya a los griegos en Troya, la que acompaña a Ulises en su viaje. Zeus, el dios que gobierna en el Olimpo y en todo el Cosmos, tuvo una relación carnal con una deidad que le había ayudado mucho cuandon quiso conseguir ese poder, la diosa Metis. Esta diosa es la Inteligencia. Y Metis engendró una criatura de Zeus. Pero alguien advirtió a Zeus de que el hijo que naciera del dios más poderoso y de la diosa más inteligente sería temible y tarde o temprano intentaría usurpar el poder de su padre. Así que Zeus, ni corto ni perezoso, decidió eliminar el problema. Y la mejor manera que encontró fue tragarse a Metis. Sí, has leído bien: tragársela. Se la zampó y así la eliminaba y además adquiría su inteligencia.
Pero, cosas de la vida, la criatura siguió formándose en el seno de... Zeus. Llegado el momento de nacer, el padre lo notó porque tenía un dolor de cabeza insoportable. Así que de nuevo buscó una solución drástica: ordenó a su hijo Hefesto que cogiera su hacha y le abriera el cráneo. Así lo hizo Hefesto, y cuando le abrió la cabeza, salió de la sesera una joven ya crecida (llevaba demasiado tiempo dentro), vestida de soldado, armada hasta los dientes y lanzando un poderoso grito de guerra. Zeus se quedó descansando. Y a la muchacha la llamó Atenea.
Atenea es virgen, nunca se une a otros seres, ni masculinos ni femeninos. Es la diosa que ayuda en el combate, no olvidemos que es un soldado. Pero es la diosa que ayuda a reflexionar, a pensar, no olvidemos que es hija de Metis. Siempre la representaban con casco de soldado, escudo, lanza, coraza, pero con el gesto sereno de quien tiene la mente descansada, de quien ha llegado ya a la conclusión definitiva. Por eso se asocia a Atenea también con la sabiduría.
Los habitantes de Atenas tuvieron que elegir en cierta ocasión un dios que ejerciera el patronazgo de la ciudad. Se postulaban Atenea y Posidón, el terrible dios de las aguas y los terremotos. Posidón ofreció a la ciudad un manantial de agua que él mismo hizo brotar golpeando la roca con su tridente, y a esto le sumaba el uso del caballo domesticado. Atenea les ofreció el olivo. Los atenienses valoraron ambas ofertas: Posidón daba la fuerza, la potencia; Atenea el conocimiento de la agricultura, la civilización, el alimento permanente. Eligieron a Atenea y adoptaron su nombre para la ciudad, Atenas. Y representaron la escena en el tímpano del Partenón, como vemos en la foto.
Más tarde, en tiempos de Pericles, edificaron el gran templo de Atenea Virgen. Como virgen en griego se dice parzénos, llamaron Parzenón al templo. O sea, el Partenón. Cuando lo veamos en Atenas, en la Acrópolis, pensaremos en Atenea y en Pericles y en todas estas cosas. El Partenón es maravilloso. Se ve desde cualquier punto de Atenas. Su presencia verdaderamente domina toda la ciudad.
Los americanos de Nashville, para celebrar un aniversario de su fundación, decidieron construir un partenón a escala real en el centro de su ciudad. ¡A que no lo sabíais! Pues sí. Con su estatua de Atenea dentro y todo. Igualita que la de Atenas. Una manera de ver con los ojos de la cara lo que solo es posible ver con los ojos de la inteligencia.
Seguiremos hablando de mitos otro día.
Lo primero que hay que decir de Atenas es que tiene el nombre de una diosa. Nosotros la llamamos Atenea, y eso es porque los griegos antiguos, los que la adoraban como diosa, decían su nombre de dos maneras: Azenaia (Ἀθηναία) o Azená (Ἀθηνά).
Del primer nombre deriva nuestra Atenea. Del segundo sacaron el nombre de la ciudad: Atenas (Ἀθῆναι, Azenai). La ciudad tiene el mismo nombre que la diosa, solo que dicho en plural. Así que nuestra ciudad tiene nombre de diosa, de una diosa en particular. Hmmm... ¿Por qué tendrían ese capricho?
Atenea es una diosa que no tiene casi nunca aspectos negativos, es la diosa que los griegos aman más. Por lo menos ella es la que siempre los va protegiendo en las leyendas, la que apoya a los griegos en Troya, la que acompaña a Ulises en su viaje. Zeus, el dios que gobierna en el Olimpo y en todo el Cosmos, tuvo una relación carnal con una deidad que le había ayudado mucho cuandon quiso conseguir ese poder, la diosa Metis. Esta diosa es la Inteligencia. Y Metis engendró una criatura de Zeus. Pero alguien advirtió a Zeus de que el hijo que naciera del dios más poderoso y de la diosa más inteligente sería temible y tarde o temprano intentaría usurpar el poder de su padre. Así que Zeus, ni corto ni perezoso, decidió eliminar el problema. Y la mejor manera que encontró fue tragarse a Metis. Sí, has leído bien: tragársela. Se la zampó y así la eliminaba y además adquiría su inteligencia.
Pero, cosas de la vida, la criatura siguió formándose en el seno de... Zeus. Llegado el momento de nacer, el padre lo notó porque tenía un dolor de cabeza insoportable. Así que de nuevo buscó una solución drástica: ordenó a su hijo Hefesto que cogiera su hacha y le abriera el cráneo. Así lo hizo Hefesto, y cuando le abrió la cabeza, salió de la sesera una joven ya crecida (llevaba demasiado tiempo dentro), vestida de soldado, armada hasta los dientes y lanzando un poderoso grito de guerra. Zeus se quedó descansando. Y a la muchacha la llamó Atenea.Atenea es virgen, nunca se une a otros seres, ni masculinos ni femeninos. Es la diosa que ayuda en el combate, no olvidemos que es un soldado. Pero es la diosa que ayuda a reflexionar, a pensar, no olvidemos que es hija de Metis. Siempre la representaban con casco de soldado, escudo, lanza, coraza, pero con el gesto sereno de quien tiene la mente descansada, de quien ha llegado ya a la conclusión definitiva. Por eso se asocia a Atenea también con la sabiduría.
Los habitantes de Atenas tuvieron que elegir en cierta ocasión un dios que ejerciera el patronazgo de la ciudad. Se postulaban Atenea y Posidón, el terrible dios de las aguas y los terremotos. Posidón ofreció a la ciudad un manantial de agua que él mismo hizo brotar golpeando la roca con su tridente, y a esto le sumaba el uso del caballo domesticado. Atenea les ofreció el olivo. Los atenienses valoraron ambas ofertas: Posidón daba la fuerza, la potencia; Atenea el conocimiento de la agricultura, la civilización, el alimento permanente. Eligieron a Atenea y adoptaron su nombre para la ciudad, Atenas. Y representaron la escena en el tímpano del Partenón, como vemos en la foto.Más tarde, en tiempos de Pericles, edificaron el gran templo de Atenea Virgen. Como virgen en griego se dice parzénos, llamaron Parzenón al templo. O sea, el Partenón. Cuando lo veamos en Atenas, en la Acrópolis, pensaremos en Atenea y en Pericles y en todas estas cosas. El Partenón es maravilloso. Se ve desde cualquier punto de Atenas. Su presencia verdaderamente domina toda la ciudad.
Los americanos de Nashville, para celebrar un aniversario de su fundación, decidieron construir un partenón a escala real en el centro de su ciudad. ¡A que no lo sabíais! Pues sí. Con su estatua de Atenea dentro y todo. Igualita que la de Atenas. Una manera de ver con los ojos de la cara lo que solo es posible ver con los ojos de la inteligencia.
Seguiremos hablando de mitos otro día.


No hay comentarios:
Publicar un comentario