domingo, 27 de enero de 2013

Pero entonces... ¿quiénes (y cómo) son los griegos?

Salimos de Epidauro rumbo a Atenas. Ha sido un día bastante completo, cansado incluso. En el autocar nadie habla: los chicos oyen música, los mayores dormitan, algunos miran sin ver por las ventanillas. Es el  momento de la reflexión.
Recuerdo una tarde, haciendo precisamente ese mismo viaje desde Epidauro a Atenas. Observé algo en la carretera que ya había visto antes cientos de veces. Es una costumbre que tienen los griegos: cuando van por una carretera ancha de un solo carril en cada sentido pero con buen arcén, llevan el coche con las ruedas derechas por fuera de la línea. Así lo hacen los que circulan en los dos sentidos. De esta manera, queda espacio por el centro para adelantar. Es peligroso, está claro. Pero admite muchas interpretaciones y no todas son malas. Aquella tarde lo comenté con el chófer que nos llevaba, Yorgos. Me dijo: "Está prohibido, pero todos lo hacen. Si no lo haces, te pitan".

Hay algo de solidaridad en esa costumbre: cedo el paso a quien quiera adelantarme, la conducción es cosa de todos. También hay algo de aprovechar los recursos: ¿que no tenemos autovías? ¡las inventamos! Un amigo brasileño que conocí en el norte de Grecia, cuando vi que él conducía por todo el país de esa manera y le pregunté que cómo se atrevía, me dijo que los griegos no respetan el código a veces, pero a cambio conducen muy bien y con gran solidaridad, que a él le daba miedo conducir en Bélgica, donde todos cumplen la norma pero todos conducen fatal.
El filósofo español Zubiri, refiriéndose a los filósofos griegos, decía que los griegos somos nosotros. O sea, que dentro de nosotros habita un filósofo griego. El profesor Rodríguez Adrados corregía diciendo que unos más que otros. O sea, que hay unos más brutos y otros más filósofos. Pero eso de ser griego parece que está bien, que mola. O molaba.
Sócrates
Son los griegos que se desviven por acoger a un forastero, los que te sonríen cuando te hablan, los que comparten contigo todo su saber, todas sus opiniones, sin embarazo ni reparo. ¿Son esos los filósofos? En cierta medida sí. Son los mismos griegos que había entonces, eso para mí no admite duda. Y son los que hicieron posible que algunos de ellos fueran los filósofos. Sin griegos no hay Grecia y sin Grecia no hay filósofos. Visto así, yo me apunto a ser griego: los griegos somos nosotros.
Y sin embargo, hoy se oye bastante más otra frase, dicha por tantos que no tiene ya dueño: España no es Grecia. ¿Ah, no? ¿Entonces España qué es? Parece que ya no mola ser griego.
Muchas veces me preguntan si el griego hablado hoy es el que habló Sócrates. Y yo digo siempre que sí. Claro que sí. Ha evolucionado mucho, quizá hoy Sócrates no entendería casi nada. Pero es el mismo idioma. Y dado que la patria es la lengua, estos griegos son aquellos griegos.
Si alguien quiere saber de verdad griego antiguo, tiene que aprender también griego moderno. Y si alguien quiere comprender el mundo griego antiguo, tiene que conocer a muchos griegos de hoy.

1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho esta reflexión sobre los griegos. No he viajado nunca a Grecia, pero después de leer esto me dan muchas ganas de ir y adentrarme en ese mundo antiguo fascinante.

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